La primera vez que abrís cPanel ves una pantalla con sesenta iconos y la reacción natural es cerrarla. Pero la realidad es que vas a usar siete, y el resto son herramientas específicas que probablemente nunca necesites.
Este es el recorrido de la primera hora, en el orden en que conviene hacerlo, para dejar la cuenta ordenada y no volver a tocar el panel hasta que haga falta.
Antes de entrar: dos accesos distintos
Cuando contratás recibís dos juegos de credenciales y confundirlos es la primera fuente de trabas.
La cuenta de cliente es la parte comercial: facturas, renovaciones, tickets de soporte, contratar servicios nuevos.
El cPanel es donde trabajás sobre el hosting en sí: archivos, correos, bases de datos, seguridad, copias de respaldo.
Guardá los dos en un gestor de contraseñas y activá la verificación en dos pasos donde esté disponible. La cuenta de hosting es la llave maestra de todo tu proyecto: quien entra ahí puede hacer cualquier cosa.
1. Seguridad: el certificado, primero que nada
Buscá la sección de seguridad y activá el certificado para tu dominio. Es lo primero por una razón concreta: si publicás contenido antes de tenerlo, después vas a tener que perseguir imágenes y enlaces internos que quedaron apuntando a la versión insegura del sitio, y eso hace que el candado no aparezca aunque el certificado esté bien instalado.
Después de activarlo, forzá que todo el tráfico vaya por la versión segura. Muchas instalaciones de WordPress lo hacen desde su propia configuración; si no, se resuelve con una regla en el servidor.
Cómo verificar que quedó bien: abrí el sitio y fijate en el candado del navegador. Si hay una advertencia, es contenido mixto (algún recurso cargando por la versión insegura) y hay que corregir esas direcciones.
2. Instalador de aplicaciones: WordPress en dos minutos
Es la herramienta que instala WordPress y otras aplicaciones sin descargar ni subir nada. Elegís el dominio, ponés el nombre del sitio y el usuario administrador, y listo.
Dos recomendaciones al completar el formulario:
No uses "admin" como nombre de usuario. Es el primero que prueban los ataques de fuerza bruta, sin excepción. Poné cualquier otra cosa.
Instalá en la raíz del dominio, no en una subcarpeta, salvo que sepas específicamente por qué querés lo contrario. Después mover una instalación de una carpeta a la raíz es una tarea molesta.
El instalador también sirve para lo inverso: si querés probar algo, instalás una copia en un subdominio, la rompés tranquilo y la borrás sin tocar el sitio real.
3. Cuentas de correo
Creá las direcciones de tu dominio. Es la mejora de imagen más barata que existe: una casilla con tu propio nombre en lugar de una dirección genérica gratuita cambia cómo te percibe un cliente antes de leer una sola palabra.
Al crear cada cuenta vas a definir una cuota de espacio. Poné algo razonable y no ilimitado: una casilla sin tope puede llenarse de correo no deseado con adjuntos y consumir el espacio de toda la cuenta.
Después decidí cómo vas a leer el correo. Si lo vas a usar en más de un dispositivo, configuralo con un protocolo que deje los mensajes en el servidor, para que lo que leas en el celular aparezca leído en la computadora. Si descargás y borrás del servidor, vas a tener el correo en un solo lugar y ninguna copia en línea.
Y armá una redirección de la dirección genérica que la gente escribe por costumbre hacia la casilla que sí mirás.
4. Administrador de archivos
Es el explorador de archivos del servidor, desde el navegador y sin instalar nada. Lo vas a usar para subir un archivo suelto, mirar algo rápido o editar un archivo de configuración.
Lo único que tenés que saber: el sitio vive en una carpeta pública, y todo lo que pongas ahí es accesible desde internet. No dejes copias de respaldo, exportaciones de base de datos ni archivos con contraseñas dentro de esa carpeta, aunque tengan un nombre raro. Si necesitás guardar algo en el servidor que no sea público, ponelo fuera de la carpeta pública.
Para trabajo pesado (subir un sitio entero, mover cientos de archivos) conviene un programa de FTP, que es más rápido y no depende del navegador.
5. Copias de respaldo
Entrá, confirmá que hay copias, y mirá con qué frecuencia se hacen y cuántas se conservan.
Y hacé algo que casi nadie hace: una restauración de prueba. Restaurá un archivo suelto, cualquiera, solo para recorrer el procedimiento. Ese ensayo de cinco minutos vale muchísimo, porque el día que lo necesites de verdad vas a estar nervioso y con el sitio caído, que es el peor momento para aprender una interfaz nueva.
Bajate además una copia completa a tu computadora cada tanto. Las copias del hosting son excelentes para volver atrás un error, pero tener una copia tuya, fuera del proveedor, es la única protección real contra un problema con la cuenta.
6. Bases de datos
Si instalaste WordPress desde el instalador, la base ya está creada y no tenés que hacer nada. Esta sección la vas a usar en tres casos: crear una base para una aplicación que instalás a mano, restaurar una copia de un sitio que traés de otro lado, o entrar al administrador de bases para mirar algo puntual.
Precaución: cualquier cambio hecho directamente en la base es inmediato y no se puede deshacer. Antes de tocar algo ahí, exportá una copia. Es un minuto de trabajo que te separa de un desastre.
7. Selector de versión del lenguaje
Acá elegís sobre qué versión de PHP corre tu sitio. Importa por dos motivos: las versiones nuevas son bastante más rápidas, y las viejas dejan de recibir parches de seguridad.
La forma correcta de cambiarla: hacé una copia de respaldo, subí a la versión siguiente, y recorré el sitio revisando que todo funcione, sobre todo formularios y tienda. Si algo se rompe, volvés atrás con un clic y ya sabés que tenés un componente viejo que actualizar.
El resto de los iconos
Todo lo demás son herramientas específicas: subdominios, dominios adicionales, redirecciones, tareas programadas, registros de error, estadísticas de visitas, bloqueo de direcciones.
No hace falta aprenderlas de antemano. Cuando necesites una, vas a buscarla, y el panel tiene un buscador arriba que encuentra la herramienta escribiendo lo que querés hacer.
Y para todo lo que no encuentres o no entiendas, está el soporte. Es lo que estás pagando: usarlo no es molestar, es aprovechar el servicio.